(Sí, ya sé que la foto es de una cerveza checa)
Han pasado unos días de viaje, ya vamos camino de Dresde. Es sábado 4 de septiembre por la mañana y ayer, tras una botella y media de vino entre dos y litro y medio de cerveza supuestamente de 11º cada uno, nos acostamos temprano con un ligerísimo punto.
Praga es muy bonita, aún barata, romántica y hay gente guapa. Como sucede en muchas ciudades megaturísticas, si te sales 10 metros del recorrido típico no hay ningún guiri. Es curioso. En Venecia por ejemplo está la calle que va de la estación a la plaza de San Marcos y que está más concurrida que el metro de Tokio en hora punta.
Pero te mueves simplemente a un callejón y hay silencio, lugares superchulos y poco más. En Praga el recorrido es Plaza de la ciudad vieja-Puente de Carlos-Castillo.
Esto es el martes, con frío y sin gente.
Y esto el viernes con solecito y lleno.


En el centro las farolas son de gas.
Antes de ayer visitamos el barrio de Holesovice donde están los museos de arte moderno, y estábamos solos. Son una pasada, sobre todo el de Arte moderno y contemporáneo (no confundir con el DOX, que también está chulo.
En fin, volviendo al tema de esta entrada, que la cerveza extranjera engordará, pero emborrachar parece que no.
En Ámsterdam nos llegamos a preocupar: el domingo nos pudimos beber tranquilamente 2,5 litros en el día (alguno concentrado por la tarde) y estabamos tan frescos. Aquí hay un oligopolio de Heineken y Amstel, aunque hemos probado alguna otra, pero la verdad es que NO es el paraíso de los cerveceros.
Cuando llegamos a la República Checa, cuna de la cerveza rubia, nos decidimos a comprobar si nuestra teoría de que la cerveza holandesa no emborracha era cierta, y nos asustamos un poco. Después de 1 litro de cerveza de 12º estabamos igual ¿seríamos nosotros?
Al final cogimos una tajadilla, porque nos tomamos un par de copas de vino y un chupito de Jägarmeister. Y total ¿para qué? Los bares de ambiente aquí son cutrecillos y los tíos buenos están todos en las obras.
P.D.: estoy mandando esto desde el bar gay de moda en Dresden y la experiencia es absolutamente surrealista, ya os contaré.




Tremendo ejemplar manejando la grua!!!! Glupsss
ResponderEliminar